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Fui violada (testimonios)

Fui violada (testimonios)

Posté par Qandisha le 23 mar 2012 dans Droit | 2 commentaires

Lanzamos una llamada a testimonios para casos de violación. No sospechábamos que el ejercicio sería tan agotador. El fin era de demostrar que ninguna mujer, habiendo sufrido este perjuicio físico y moral, podía encontrar el consuelo en la unión legal a su agresor. Esto paraitra absurdo para algunos de usted, porque tan evidente. Sin embargo, lo absurdo es muy marroquí y el artículo 475 lo prueba. Esta ley considerada aplicarse en los casos de corrupción de menores, de fuga de adolescentes « enamoradas », es tanto más insensata cuando violencia y humillación marcaron el contacto único entre víctima y culpable.

Pero la lectura de estas pizcas de historias hace darse cuenta que los artículos de ley que conciernen a este expediente no son los solos puntos problemáticos. Ninguna de las victimas denunció a su agresor, por miedo de verse juzgada por la sociedad. Y esto todavía no es nada delante de la angustia de sufrir el maltrato de la policía y de la sospecha que marca los interrogatorios de las mujeres violadas.

A lo largo de las lecturas, la ausencia de apoyo moral también se hace sentir. Las estructuras que deben ayudar a estas mujeres para que se reconstruyen después de una violación están ausentes y las secuelas son llevadas a vida. Son marroquíes o extranjeras residentes en Marruecos. Testimoniaron espontáneamente, a contra corazón por cierto, pero con la esperanza de que esto pueda cambiar las cosas … O sería sólo aliviarlos de su sufrimiento.

A.B :

A día de hoy, soy una mujer rota. No consigo dormir sin somníferos y tengo miedo a salir sola a la calle, la gente me asusta tanto que ya no puedo ni trabajar. He dimitido de mi trabajo y mi único consuelo es mi pareja, vivimos juntos y que me apoya muchísimo. Me he quedado en los huesos, y la tristeza no se me quita casi nunca. Necesito la compañía de la gente y al mismo tiempo me incomoda estar en su presencia.

Mi madre falleció cuando yo tenía 16 años, de una enfermedad que sufrió durante bastante tiempo. A los 3 años, le diagnosticaron cáncer a mi padre. En esa época, vivíamos en Meknes y me padre seguía un tratamiento en Casablanca, también falleció me abuela paterna. El funeral duró varios días y venia gente a dar su pésame, entre ellos un vecino que eligió su momento para visitar. Mi padre y hermana acababan de salir para Casablanca para una enésima consulta. Sabía perfectamente que estaba sola en casa, forzó la puerta y me violó de manera salvaje, quizás me deseaba de hace tiempo porque era bonita y liberal, pero tenía mis limites y eran que nunca había tenido una relación íntima con un hombre. Era virgen, y esa fue mi primera experiencia sexual: una violación.

El tío se fue tranquilamente después, llevándose el recipiente de cocina que su madre nos había prestado. Sufría en silencio porque no podía decírselo a mi padre que estaba enfermo, mi padre con quien tenía una relación especial y un vínculo muy fuerte, un profesor con ideales que se pierden hoy en idea, me enseñó muchas cosas y me apoyó cuando sus amigos criticaban su manera de educar a sus hijas. Este padre que adoraba tanto, no podía destrozarle cuando él era consciente que se iba a morir dejándonos a mi hermana y a mí en este mundo de buitres. Hablando de mi hermana mayor, cuando le conté lo que me había sucedido me culpó de ello, “te le mereces” me decía. Su vida no era fácil, pero tampoco era motivo para intentar destrozarme a mí, y más sabiendo que ella era mi único soporte.

Siento tanta rabia a día de hoy, que si vuelvo a cruzar el camino de ese impresentable, no dudaría ni un solo momento en atropellarle con un coche, y matarme a mí después.

S.F :

Me acuerdo de los moratones y de la sangre que tenía por todo el cuerpo y la cara, y no era mi violador el culpable de ello, sino que era mi padre al enterarse que había sufrido tocamientos sexuales por el encargado de ultramarinos del barrio, entonces tenía 6 años. Soy una chica muy mona, piel clarita, pelo castaño y grandes ojos verdes, cuando era pequeña, a la gente le encantaba mimarme, incluido el encargado de la tienda donde me mandaban a comprar cosas para la casa. Y todas las veces volvía con regalitos que me hacia X. Un día, me hizo entrar al interior de la tienda y se puso a tocarme el cuerpo.

Esa misma noche al bañarme, le conté a la mujer de limpieza lo que me había hecho ese señor, de manera ingenua, como cualquier otro niño que cuenta las historias corrientes que le pasan con sus compañeros de clase. Me dejó en la bañera, y salió pálida del cuarto de baño para contárselo a mi madre, que a su vez se lo contó obviamente a mi padre cuando volvió del trabajo. Salió a la calle enloquecido, buscando al culpable para darle una paliza, cuando no le encontró, volvió a casa y la paliza me la dio hasta que caí inconsciente.

Al día siguiente, tuve que ir a la escuela a pesar de todo, cubierta de moratones, heridas y con un ojo morado. Mi padre vino luego a sacarme de clase para ir a denunciar los sucesos a la policía. El comisario, que era entonces amigo de mi padre, al verme en el estado en el cual iba, le echó la bronca a mi padre diciendo que se merecía la cárcel también por lo que me había hecho. Me interpuse para decirle que no, que a pesar de todo me negaba a que mandasen mi padre a la cárcel, no me lo habría perdonado nunca.

Hasta hoy, guardo los rastros de un doble trauma: el abuso sexual del cual fui víctima, y la violencia de mi padre hacia mí. Me culpe de lo sucedido durante mucho tiempo, pero hoy sé que nada de ello fue culpa mía, no le guardo ningún rencor a mi padre ya que es un hombre influenciado por la sociedad en la cual vivimos, y es esta y sus valores que hay que cuestionar fuertemente.

F.S :

Era una estudiante. Mis padres pensaron que estaría mejor sola en un apartamento donde podrían venir a visitar cuando quisieran. Es cierto que estaba a gusto. Mis padres gastaban más de lo necesario para que yo pueda estar bien y en seguridad. El conserje y los vecinos me vigilaban también, un poquitín demasiado a veces, pero tampoco me quejaba de ello. Siempre había allí alguien para asegurarse que haya cogido un taxi por la mañana. Habiendo crecido en un pueblo, por los cargos que ocupaba mi padre, tenía el sentimiento que Casablanca era esa gran familia que me recibía con los brazos abiertos. Confiaba en todo el mundo. El conserje me impidió en varias ocasiones aceptar las proposiciones de extranjeros para venir a limpiar la casa. Pensaba que estaba algo paranoico.

Así que cuando el joven albañil del inmueble en construcción de en frente se propuso para ir a buscarme una bombona de gas, no rechacé su oferta. Era más joven que yo y muy simpático. Hacía recados para el conserje, y como éste no estaba en el portal, le deje hacerme el favor y pensaba darle una súper buena propina. Pero no me imaginaba que me iba a costar tan caro.

Instaló la bombona de gas y aceptó la bebida que le ofrecía por que hacía calor. Iba a salir cuando le llamé para darle un billete. 13 años más tarde, no consigo quitarme de la cabeza que si no le había llamado de vuelta en ese momento, esos pocos segundos, se habría ido.

Marcó una pausa como hesitando, entonces le pregunté si quería otra cosa. Quería ser simpática con un muchacho que no había tenido la misma suerte que había tenido yo en la vida. Se me lanzó encima, y la incomprensión me paralizó. Me costó tiempo entender que me estaba violando. No podía luchar con él. Le dejé hacer lo que estaba haciendo. No sentí nada cuando me desfloró. A penas sentía sus movimientos y el frio del suelo. Creo que en ese momento, prefería estar en una cama. No me acuerdo de cuando se fue, creo que me había desmayado. Me desperté más tarde, era de noche y hacía mucho calor. Tenía el sentimiento de ser un trozo de carne, un animal como otro.

Decírselo a mis padres les habría matado. No tenía derecho a hacerles esto. El había desaparecido de todas maneras.

Desde hace 13 años, estoy siguiendo un tratamiento por trastorno obsesivo compulsivo e intento de suicidio. He llegado a sangrar de mi vagina de tanto querer limpiarla. Me he encontrado con hombres que no me provocaban ganas de vomitar, pero sufro automáticamente de vaginismo a pesar de 10 años de tratamiento psicológico.

No sé si algún día llegare a vivir normalmente. Testifico para ayudaros a proteger a otras mujeres.

H.M:

No sé si el testimonio de una francesa que vive en Marruecos es “válida” para la causa que defendéis. He sido violada por un marroquí que era un “amigo”.

Llevo 2 días mirando mi pagina blanca y aunque los hechos, o sea los sucesos de esa noche estén gravados en mi memoria, me cuesta escribir en esta página, mis palabras, mi vida y esa noche van a estar desveladas para que las lean otros ojos que no sean los míos, y el hecho que la gente se entere me incomoda profundamente. Pero hay que hacerlo. He sido violada, y conocía a esa persona, nos unía una relación de amistad, nos veíamos a menudo para charlar y salir. XY venía a veces a mi casa para hablar de nuestros problemas, jugar a las cartas, ver una peli y a veces se quedaba a dormir en mi salón cuando se le hacía tarde. Dormimos juntos un día vestidos, cansados de haber hablado mucho, habíamos bebido y fumado un poco. Hasta hicimos el amor una vez para ver si nuestra amistad podía llevar a mas, pero vimos que no y recuperamos nuestras costumbres de amigos.

Y hubo esa noche de más.

No entendí como, ni cuando todo basculó. Me acuerdo que escuchábamos música, me había girado para coger un CD que quería enseñarle, y al escribir estas palabras vuelven la sorpresa y el miedo. Me echa sobre la banqueta, siento como me estoy debatiendo y gritándole “¿pero qué haces, que te pasa?” Me da una bofetada ¡“cállate! Te va a gustar” vuelvo a intentar luchar pero no consigo liberarme, eso que hice un deporte de defensa pero él era más fuerte ¡y no lo logro! “¡pero, para ya, estás loco! » me oigo gritar. Sus manos me aplastaban la cabeza en los cojines, me ahogo y estoy asustada, se echa sobre mí con todo su peso, estoy de espaldas ¡y mierda! ¡Joder, para esto! Baja mi pantalón y mis bragas, me abre las piernas y allí dolió mucho, quiero meterme más adentro en esta banqueta que ahoga mis gritos y desaparecer para siempre. Me tira del pelo para atrás. Duele. ¿Qué, zorra, a que te gusta?!

Estoy llorando, te lo ruego por favor para, ¡duele mucho! Pero el sigue, quiero que se termine, duele. Que se pare esta pesadilla, quiero despertarme. Su grito marca el fin de mi suplicio, estoy despierta, es tiempo de escapar ahora porque está más débil, no sé de donde saco la energía para empujarle, levantarme y correr hacia el cuarto de baño, me encierro allí y empiezo a tratarme de tonta por haberme encerrado en mi casa, sin haber pensado en coger mi teléfono. Estoy sentada detrás de la puerta, lloro de rabia, de vergüenza, me trato de todos menos bonita, y espero, tengo mucho frio y quiero vomitar, la puerta de la casa se cierra de golpe, espero más tiempo, tengo mucho frio todavía, tiemblo, espero una hora, dos horas, no sé cuánto tiempo, no había más ruido, aún tengo miedo, salgo, doy la vuelta del piso. Se ha ido. Echo los cerrojos y vuelvo al baño y me lavo, me lavo, me lavo hasta que el calentador se queda sin agua caliente, me siento sucia, manchada por dentro y por fuera, tengo que quitar toda esta suciedad repugnante. Me siento algo más limpia, cojo mi ropa y la pongo a lavar, su olor está en todas partes, es horrible, se ha acabado.

Cojo el teléfono y marco el número de la policía, sonó y colgué. ¿Qué les voy a decir? “Hola, me acaba de violar un amigo marroquí” Me imaginaba el resto de la conversación: ¿pero qué hacia un hombre en casa de una mujer sola?
He sido violada por mi amigo. De eso hace algunos años, me he vuelto más cauta, a la defensiva con los hombres. Un hombre casi lo consigue, casi consigue devolverme esa confianza en su género. El “casi” es muy importante.

B.T :

Empecé a tener flashes, no llegaba a distinguir si eran pesadillas o una realidad lejana. Dichos flashes empezaron cuando tenía 13 o 14 años, a lo mejor porque la familia despertó en mi ese recuerdo tan malo con sus constantes advertencias con respecto a acercarse a chicos, era una cuestión de honor decían. Mi padre me lo advertía siguiéndome con el coche, aterrorizándome con sus amenazas para que no me acercara a ningún chico.

Los flashes se repetían con mayor frecuencia, hasta en el sueño. Tenía la sensación de un pene entre mis piernas.. una fricción repetitiva. Recuerdo que metía algodón en mis braguitas, y sigo teniendo dudas sobre una escena, cuando las mujeres de limpieza en casa de mi abuela miraban mis bragas preguntándose si aquello era sangre u otra cosa. Todavía veo una de esas mujeres, pero no me atrevo a preguntarle nada.

Sé muy bien donde ha ocurrido, pero tampoco me atrevo a averiguarlo de cerca. De todas maneras, de que serviría sino a crearle un escándalo a la familia, ¿y con todo esto, quien me creería?

Tenía 4 o cinco años, y mi hermano mayor me llevaba un año. En verano, toda la familia se reunía en casa de mis abuelos, y para no estar molestados por los chillidos de los niños, nuestro abuelo nos llevaba a la piscina del hotel 4 estrellas que estaba al lado de casa, le daba propinas al socorrista para vigilarnos y enseñarle a mi hermano a nadar.

Me acuerdo que tuve ganas de ir al baño, y que le había pedido al socorrista que me enseñara el camino. Me acuerdo de mis reticencias cuando me llevaba a los servicios en el sótano, sucios y llenos de papeles y bolsas en el suelo (es obvio que no eran los servicios de los clientes), al acabar de hacer mis necesidades fisiológicas, le pedí papel para limpiarme, me respondió que no había papel pero que él me iba a limpiar. Me pidió que abriese la puerta, tenía mi traje de baño morado bajado y pidió que me girase contra la pared, no entendía nada pero obedecí, entonces sentí algo gordo que friccionaba activamente a bajo, y cada vez que me giraba para ver, me decía de mirar hacia la pared.

Era así todas las veces que iba a esa piscina durante ese verano. Tuve la mala suerte de cruzar el camino de un pedófilo, y tal vez mi hermano haya padecido los mismos abusos.

Los daños psicológicos aparecieron más tarde, y el estilo de educación de nuestros padres no arregló para nada las cosas.

Hoy pienso que mi familia no me ha protegido, ¡así que su honor que se lo guarden para ellos!

J. N :

Casi me violan… estaba de vacaciones en Marrakech, en casa de un amigo que estaba demasiado ocupado como para salir conmigo por la noche, así que solo me dio el doble de la llave. Volviendo de una discoteca a las 4 de la madrugada, fui agredida en el portal del edificio. Después de haberme pegado y llevado todo lo que llevaba encima, el tío que creía era el conserje me empujó y empezó a abrir su cinturón. Eché a correr hasta el jardín del edificio, podía ver las ventanas de los habitantes, y mis posibilidades desfilaron delante de mis ojos, solo tenía 2 opciones:
Gritar para que salga todo el mundo, y estaría entonces segura de estar a salvo
Callarme, correr en silencio y arriesgar que me cogiera.

Opté por no gritar y por correr sin mirar detrás de mí, no sé cómo conseguí encontrarme en el salón de estar de la casa de mi amigo, en llantos y aterrada. ¿Por qué no había gritado? ¿Por qué no había puesto una denuncia?

Me imaginaba frente a la policía, y esa sería su primera pregunta: “¿vives aquí?” “¡No, estoy en casa de un amigo!”. El caso es que el concepto de amistad no existe en el argot de la policía, así que iba a tener explicarme sobre estupideces. “¿y que hacías a las 4 de la madrugada vestida de esta manera?” “Vuelvo de la discoteca” (y automáticamente para ellos: soy puta)

¡Total! Me veía pasar la noche en comisaria antes de llegar a explicarles lo que me había ocurrido.

La sociedad no ayuda, y para qué hablar de la justicia, la policía no representa una protección en sí, y es más bien fuente de problemas en este tipo de situaciones, una mujer victima como en mi caso sería la primera en ir a la cárcel, y en cuanto el psicópata violador dirían que “estaba en el buen momento, en el buen lugar y que supo aprovecharse de esta buena ocasión”

¿Será por esto que la mayoría prefiere guardar silencio? ¿Habrá conseguido la sociedad convencernos que hasta siendo víctimas, tenemos una parte de responsabilidad en lo que nos ocurre? ¿O a caso el peso de los tabús es tal que preferimos no mezclar nuestros nombres a historias de agresiones sexuales?

Me niego a pensar que no podemos hacer nada más que sufrirlo. Me ahogo pensando que vivo en una sociedad donde la presión es tan fuerte que incita a padres a privilegiar las nociones de “honor” y “reputación” de sus hijas. Una sociedad que fuerza las mujeres a proteger sus verdugos por miedo al escándalo.

Hoy en día, hay que revolucionarse contra esta sociedad, corrompida por la hipocresía, una sociedad que no ama a las mujeres. Se trata de denunciar la justicia que les da la razón a los violadores. Hoy, se trata de comprender que la sumisión no es la única alternativa, porque, no olvidemos jamás que “lo que nos hace abandonar nuestro poder es precisamente creer que no tenemos ninguno” .

N.K :

“El tío trabaja justo en el edificio de en frente… parece que me llevaba observando durante bastante tiempo. Un día cogió el ascensor conmigo y me abordó. Nos presentamos el uno al otro. Nos vimos al medio día para comer juntos en un restaurante. Era un tipo tranquilo y no tenía pinta de ser un psicópata. Quiso quedar más tarde para tomar café, pero le dije que no porque prefería no salir mucho en periodo de divorcio.

No dejó de llamarme toda esa tarde a la oficina para que aceptara su invitación. Seguía yo sin querer. A las cinco y media, salí de la oficina y allí estaba el esperándome. Me propuso acompañarme en coche al parking donde tenía mi coche aparcado (estaba a 10 minutos andando).

Una vez en el coche con las puertas cerradas, cambió de discurso. Empezó a criticar mi manera de vestir, a decir que lo que llevaba era demasiado apretado, que se podían ver mis curvas…. Intentó tocar mis piernas, y lo rechacé con violencia. En vez de dirigirse al parking, aceleró hasta el bosque de Bouskoura. Estaba muerta de pánico. Se paró y me forzó a besarle, me puse a gritar, sabía que era inútil porque no había ningún tipo seguridad en los alrededores. Me decía que no me iba a hacer daño, insinuando que no me iba a violar, pero que le había excitado tanto que tenía que hacerle una felación para que se tranquilizase y no me violase…. Me veía allí sola, nadie podía ayudarme y nadie me había visto montar en su coche… Cedí… fue una pesadilla… me llevó de vuelta en silencio a mi coche… tenía tantas ganas de reaccionar y devolverle el mal que me había hecho… pero como tenía parte de culpa… sabes, nunca me obligó a montarme en su coche y más para todo el mundo yo era un mujer casada…. Hasta pensé en pagar a tíos fuertes para que le den una buena paliza… pero no tenía los números de esa clase de personas en mi repertorio… le veo siempre por ahí, y solo espero que no haya causado más victimas…”

Quise explicarle a esta amiga que había sido víctima de una violación, y que nada justifica los actos de ese impresentable, ni una falda demasiado corta, ni tacones demasiado altos, tampoco el hecho que se haya dejado cortejar, ni que se haya montado en su coche, nada lo justifica! Pero le tenía miedo al escándalo. Al mismo tiempo que intentaba convencerla, sabía que el 98% de las reacciones a esta historia serían de la manera siguiente: “y porque narices se ha montado en su coche, se ha buscado los problemas” .

J.K :

Dicen que el tiempo lo cura toda. Dicho esto, hay traumas que ponen al tiempo a prueba, resultado: Todo sigue siendo relativo, y siempre lo será porque hay heridas que el tiempo no puede curar, podemos dejarle los mal de amores ya que los traumas relacionados con agresiones sexuales son harina de otro costal. Hace 17 años mi vida basculó, la vida era tan bonita como podía serlo para una adolescente cuyo futuro parecía estar diseñado de antemano. Hace 17 años me convertí en estadística. Ocho mujeres violadas sobre diez deciden llevar la carga muy pesada del silencio. Les voy a ahorrar los detalles sórdidos de mi violación. Me acuerdo en que estado volví a casa ese día, no había nadie, mis padres estaban de viaje y era mucho mejor así… nadie iba a ver que mi mirada se había apagado… Me acuerdo del agua que me quemaba la piel bajo la ducha, su voz, su risa, del agua aún más caliente, de la voz que gritaba en mi cabeza: acabemos con esto… intente cortarme las venas, y no estaría probablemente en el mundo de los vivos hoy si no fuese por el regreso precipitado de mis padres de viaje, porque según parece, mi madre tuvo un mal presentimiento sobre mí. ¡Ay, si supieras cuánta razón tenias, mamá!

Seguía bajo el chorro de agua, y al oír a mi madre llamándome tan « feliz », pensé que por nada en el mundo podría arrebatarle este derecho a la despreocupación y la paz, derecho del cual otro me había privado a mí. Viví completamente paralizada de miedo durante un año, me sentía débil y no hablo de debilidad física. Veía todavía a mi agresor, lo que era una verdadera tortura psicológica porque volvía a vivir el drama en continuo.

Mi padres veían que ya no era la misma persona, me había convertido en una persona violenta porque en el fondo les culpaba de vivir en esta tranquilidad que “yo” había elegido para ellos, eran ellos quien tenían que cuidar de mí y consolarme y no al revés. Me mandaron a ver a un psicólogo. Pero la presión era tal que me hundí, estuve 4 días en coma después de un intento de suicidio. Una vez más, al ver la angustia de mis padres en la clínica, tomé la decisión de devolverle a su hija. Tenía que o asumir mi silencio o hablar alto y claro. Una vez mas no tuve el valor suficiente, porque una vez más pensaba que lo más puro que me quedaba en esta vida era que mis padres me siguiesen viendo como “su pequeñita”. Fingí volver a disfrutar de la vida. Había dejado Marruecos ya por mis estudios y me decía que las cosas irían mejor ahora que había dejado atrás ese entorno malsano, pero también sabía que mis demonios me iban a acompañar. Fingí durante años. Le gente no me asustaba, encontraba al humano « curioso ». Desde lo más hondo de mi depresión intentaba estar continuamente consciente de una sola cosa: no podía permitir que mi violador me destrozara la vida. Habría entonces ganado él, y no iba a rendirme sin previa batalla ante esos demonios que me fastidiaban la vida. Tengo la sensación que durante mucho tiempo estuve disociada de la realidad, de mi realidad, me había creado otra historia, no le hablaba a nadie de mi violación, porque lo que la experiencia me enseñó es que la gente tiene una capacidad tremenda a aplicar lo me parecía ser una especie de amnesia selectiva, les conté mi historia a algunos amigos de confianza que me felicitaron por cómo había conseguido salir de esa experiencia traumática, y hasta vi una fugaz mirada de pánico, hubiesen preferido no saber, creo.

Bueno, era joven y con mucha humildad puedo decir que conseguía a los hombres que quería, ¡después de todo no eran más que perros! Y esquema clásico, me vengaba inconscientemente de los que no me había hecho nada, ¿pero qué más da?, tenía por fin el poder. La ilusión del poder mas bien, porque cada vez era un trocito de la verdadera yo que ahogaba, pero no importaba, llegaba a avanzar en la vida sin que nadie se dudase del fuego que me consumía por dentro. Podía estar en medio de una fiesta y tener uno de los muchos flashbacks de la violación, apretaba la mandíbula y fijaba rápidamente una enorme sonrisa en la cara, sonrisa que se iba haciendo más helada con el transcurso del tiempo. Ya no era una “victima”, me había convertido en una “survivor”, una sobreviviente. A falta de poder vengarme de mi agresor, quise coger mi revancha sobre la vida, y la única manera de conseguirlo para mí era el excito profesional, porque mi vida sentimental era un fracaso, ya que no podía dar absolutamente nada, y tampoco estaba dispuesta a recibir nada. Y ahora que el excito profesional estaba conseguido, ahora que era una “survivor”, una mujer de carácter, ¿por qué este vacío? ¿Por qué sentirme sola aún estando acompañada?

La respuesta era muy sencilla y tremendamente clara: ¡seguía fingiendo! Me había olvidado del piloto automático en marcha, no era yo quien tenía el control sobre mi vida pero esa otra persona que a pesar de la seguridad que trasmite le tenía sencillamente miedo al rechazo, miedo a no ser digna de ser amada y que al final solo servía para ser “utilizada”. Otra persona vivía mi vida y el balance que hacía de mi recorrido por la vida era penoso, estaba en modo de autodestrucción y me di cuenta que durante todos aquellos años había una única pregunta que me obsesionaba: ¿que habría sido mi vida si no hubiese sido agredida? Y la respuesta se imponía de manera natural: pues, sería esa persona buena, confiada y cariñosa que era antes del incidente. Y ahí tuve un momento Eureka, un momento de liberación al escuchar mi corazón, para darme cuenta que esa persona seguía allí, que no había desaparecido, que había sido víctima de violación pero que tenía la responsabilidad, si la responsabilidad, de retomar mi persona en mano, la obligación de reaprender a quererme, no era culpable de nada, no tenia que avergonzarme de nada y no podía seguir haciéndome esa pregunta insidiosa porque no podía permitirle a mi condición de víctima de formar parte íntegra de mi identidad. Estaba muy por encima de eso. No me arrepiento de ninguna de mis decisiones, de ninguno de mis actos, viví lo que tuve que vivir y era mi mecanismo de adaptación personal. No, el tiempo no cura nada, pero nos permite adaptarnos a ciertas situaciones traumáticas.

Desde entonces aprendí a pedir perdón a los seres que había herido, a perdonarme los errores que haya podido cometer intentando sobrevivir, y a finalmente comprender que no era para nada responsable de lo que me había ocurrido, ya no culpabilizo, he reaprendido a amar la vida, los otros y sobre todo a amar a la persona más importante en mi vida: yo. Podía tener aquellos famosos flashes, pero ya no dolían tanto. Me gusta lo que soy, y de ello le estoy agradecida a la vida.

Un día, por una fantástica mañana de otoño, en una terraza tomando café, creí ver una cara familiar, la cara del vicio. Se me saltó el corazón, y mi reacción fue agachar inmediatamente la cabeza… todas las emociones del pasado volvían una tras otra, y esta vez una voz me decía que si alguien debía bajar la cabeza era él, que yo debía tenerla bien alta y orgullosa. Fue justamente lo que hice. Me levanté al mismo tiempo, decidida a ir hablar con él, o a pegarle. No lo sabré nunca. No sabría describir el espectáculo que tenía en frente al levantarme. Era él, no tenía ya nada del pijito guaperas, tonto y arrogante, iba vestido de trapos y alienado. No sabía si reír o llorar. Godot no se hace siempre esperar, parece. Hasta sentí pena por él (pero que muy poca), y este sentimiento me permitió afirmar que este capítulo estaba cerrado, tema zanjado. Era libre.

L.M :

Las violaciones, por desgracia, no ocurren únicamente en la calle.

La virginidad nunca había sido importante para mí, pero siempre había soñado con pegar ese salto con el hombre y en el momento que yo elegiría. No tuve esa surte, fui drogada y violada por el que era mi novio en aquel entonces, un estudiante en tercero de medicina. Solo tenía 17 años.

Cuando decidí finalmente dar ese salto, me di cuenta que ya no era virgen. Solo entonces comprendí que la historia que nuestros amigos contaban era en verdad mi historia.

Eso ocurrió hace más de 30 años… y parece que solo fue ayer.

Ya está. Este es mi testimonio.